¿Quieres seguir descubriendo más viñedos con una diversidad microbiológica extraordinaria? No puedes perderte el post de hoy, con La Garoña como protagonista. Es una pequeña bodega que trata sus vides y uvas con mucho cuidado y así conseguir vinos exquisitos para su consumo particular.

La Garoña está conformada por un grupo familiar de cuatro personas que comenzó su trabajo en 2016. Su intención era poner en valor la bodega de la familia Lantada y Zarzosa y recuperar un viejo viñedo que llevaba años sin actividad. Se encuentra ubicada en un pequeño pueblo palentino, Támara de Campos, y parecía tener los días contados para su venta o desaparición ya que nadie se había hecho cargo de ella desde la generación de sus abuelos y tatarabuelos. Al tener la posibilidad de poder disponer tanto de la bodega como del viñedo, decidieron comenzar con la elaboración de su propio vino hace no más de dos años.

Una ocupación y un placer para el tiempo libre

La media hectárea de plantación, de Garnacha en vaso y más de 82 años de antigüedad, es lo que perfila el vino familiar que surge de cada cepa. Realizan un laboreo manual, con la intención de producir de la manera más ecológica y respetuosa con el suelo posible. La producción que obtienen, casi de botella por cepa, la destinan al consumo propio: en buena compañía, con su familia y amigos.

Una de sus metas sería poder transformar su trabajo en el viñedo en un vino excepcional familiar, conservando todo el sabor de la uva. Un propósito que ahora, gracias a su presencia en el ranking de biodiversidad, ven más cercano y factible. De este modo, podrían rendir tributo a los muchos grupos de pequeños viticultores familiares que existen por toda la geografía de Castilla y León.

Si tú también quieres conocer la diversidad microbiológica de tu viñedo, no dudes en realizar un test WineSeq. Conocerás la población microbiana que habita el suelo, evitarás enfermedades y podrás sacarle partido a todo su potencial.