La vendimia nocturna es una práctica cada vez más extendida, especialmente en áreas vitícolas cálidas. Cuando la época estival es muy calurosa, las temperaturas no bajan por las noches y la uva puede perder sus propiedades aromáticas. Durante la vendimia, es preferible tener un control absoluto de la temperatura, ya que un calor excesivo puede llevar a oxidaciones del mosto, maceraciones prefermentativas o fermentaciones espontáneas.

Aunque la vendimia nocturna puede practicarse para la recogida de cualquier tipo de uva, son las variedades blancas las más indicadas. Son más sensibles a la luz y al calor por su tipo de piel, por lo que puede apreciarse cierta diferencia en el vino cuando la uva no se ha visto expuesta a estas condiciones.

Una de las ventajas es que la vendimia puede ser más eficiente y reducir costes. En caso de que se realice de manera manual, las personas que trabajan en el campo no pasan horas bajo el sol diurno llevando a cabo esta meticulosa tarea y mejoran su rendimiento. Si se trata de vendimia mecanizada, los racimos no sufren tanto como si, cuando son golpeados, ya se encontraban afectados por el calor. Además, el gasto energético empleado en enfriar las cámaras de frío de la uva es menor cuando ya se encuentra a temperaturas frescas.

La vendimia nocturna también tiene sus desventajas, como la falta de visibilidad que puede entorpecer las tareas del campo y de la bodega. La selección manual puede ser menos selectiva debido a la ausencia de luz y la mecánica absorbe hojas y peciolos, residuos que deben eliminarse en el remolque con condiciones de iluminación igualmente deficientes.

Cada vez más bodegas llevan a cabo este tipo de vendimia y apuestan por la entrada en bodega de uvas frescas, preservando la calidad de la fruta y evitando reacciones indeseadas durante los procesos fermentativos.